Santa Catarina Ixtahuacán y Nahualá, ¿Estuvieron siempre en disputa y por qué?

Por Rodolfo González Galeotti

Antigua Santa Catarina Ixtahuacán después del huracán Mitch (1998) Fotografía Redes.

¿Cuándo y cómo empezó la disputa entre Santa Catarina Ixtahuacán y Nahualá? ¿estuvieron siempre en disputa? ¿Son acaso pueblos sin historia? Un breve repaso por la historia del pueblo puede revelar más que lo que el miedo, el racismo y el sensacionalismo proyectan en los medios.

Un respaldo económico y comercial

Las tierras del altiplano habían disminuido su fertilidad, eran pobres para maíz y otros productos. Por ello, la población prefirió migrar a la bocacosta y conectarse al camino real, cerca de Suchitepequez. No fue el único pueblo que lo hizo[1] esto les orilló a tener conflictos y disputas con gente de Zunil, con Totonicapán y Santa Lucía Utatlán. Esos lances (a veces en juzgados, a veces a machetazo limpio) duraron más de un siglo, alrededor de 130 años.

En esas campañas Santa Catarina Ixtahuacán y Nahualá fueron aliados. El primero, era el pueblo cabecera, y el segundo era su cantón más poblado.

Debe acotarse que ambos poblados fueron privilegiados en términos comerciales. Siempre estuvieron conectados con las plazas de Quetzaltenango, Totonicapán, Sololá y Suchitepequez. Eso fue gracias a ubicarse en el cruce con el camino real -y posteriormente la carretera interamericana en el altiplano; y en la bocacosta con el camino real de Suchitepequez y luego las carreteras modernas. Muy pocas poblaciones han tenido esa característica.

Conflicto político desde 1865

En el fondo, el problema era una lucha entre dos facciones rivales. Una, dirigida por Manuel Tzoc, que había sido la mano derecha del cura del pueblo Miguel Hernández y se escribía de igual a igual con Rafael Carrera; la otra, encabezada por Miguel Salquil, que se había fortalecido durante las protestas contra el Estado de Los Altos (1839) y al parecer, de alianzas con el caudillo Serapio Cruz. Ambas facciones tenían alianzas con los corregidores de Totonicapán o Sololá, y eran respaldadas por la población de Nahualá y Santa Catalina respectivamente.

Ilustración: Gobernador de Santa Catarina Ixtahuacán Manuel Tzoc y Juana Tzep. Gustavus von Tempsky (1854)

La rencillas estallaron en 1865 cuando murió el gran aliado de Tzoc, Carrera. Y la protesta desembocó en una lucha sin cuartel entre la población. Por eso, el nuevo presidente Vicente Cerna envió tropas para cortar la disputa. Las milicias de Sololá y Totonicapán intervinieron hasta que se restableció la “normalidad” y se realizaron elecciones.

Tzoc y los nahualeños no quedaron conformes e iniciaron su separación. Fundaron una iglesia, solicitaron un cura independiente en 1866, y finalmente les fue concedida la independencia municipal en 1872.

Una población “brava” 1743–1885

Tal potencia humana empujó a continuos diferendos y disputas hacia tres puntos cardinales. Al norte, con San Miguel Totonicapán hubo siete casos entre 1766 y 1894. Al este, tres con Santa Clara la Laguna y Santa María Visitación entre 1765 y 1860. Al sur, siete con Zunil entre 1777 y 1878.

Políticamente los xancatales y nahualeños intimidaron en continuas ocasiones a las autoridades coloniales e independientes. Solo en 1801 dijeron que el alcalde mayor de Suchitepequez podía irse a ‘a la mierda’ (sic) si quería obligarlos a trabajar en mandamientos.

En 1814 una protesta fue encabeza por Francisca Ixquiaptac, la única protesta en el Reyno de Guatemala en ser dirigida por una mujer en tiempos de las independencias. Entre 1743 y 1885 los pueblos protagonizaron 12 protestas y motines contra repartimientos, mandamientos, curas, impuestos, etc. Gracias a eso, los gobiernos colonial, federal y los caudillos Rafael Carrera y Rufino Barrios preferían hacer alianzas con sus líderes que confrontarles.

Divididos y sin tierras, 1885–1928 en adelante…

Gracias al nuevo régimen y la expropiación, el conflicto intermitente aumentó entre los dos pueblos, se deslindaron los municipios entre 1926–1928[5], ya no tenían sus tierras de respaldo en la bocacosta. Las magras tierras del altiplano, con pocos nutrientes, podían dar solo una cosecha al año, cultivar algunos tubérculos y usarse para el pastoreo de chivos. En resumen, la dieta se volvió más frugal y ya podían alimentarse del cacao, que durante todo el período colonial e independiente sirvió como suplemento alimenticio para la población.

El siglo XX

Cumbre de Alaska en Sololá, uno de los lugares más altos de Guatemala. Fotografía: Redes

Se supone que para este siglo, no tendría que haber existido conflictos, pero en 1980 las disputas limítrofes reaparecieron. El país también vivía la guerra interna. Con los años la situación se ha vuelto más grave. En la década de los noventa, el gobierno de Álvaro Arzú, obligó el traslado de la cabecera de Ixtahuacán y la llamaron: Nueva Santa Catarina Ixtahuacán, ubicada en la cumbre de Alaska. El frío de la cumbre hace que cultivar sea más difícil. Cosa distinta en Nahualá, donde hay cosechas constantes.

La situación limítrofe entre los dos municipios -en especial de los cantones más cercanos- y las rivalidades históricas –pese a más de cien años de historia mancomunada- son el combustible de la disputa que conocemos. Aunque, vale preguntarse si el conflicto, ¿podría ser resultado de las alteraciones climáticas que todos vivimos?

Finalmente, una constate ha sido el crecimiento de la población, que ha magnificado la pobreza, –sean de Ixtahuacán o Nahualá-, en varios puntos de la capital hemos visto a ancianos y ancianas con su huipil y ponchito regional, mendigando en las calles de la zona 9, 10 y 13. Nuevos problemas se entrecruzan: la dependencia de nuevas generaciones que, o los hicieron a un lado o tuvieron que ir como migrantes a Estados Unidos y no llegaron. Pero este apartado requeriría más hipótesis y comprobaciones.

Extractos de la disputa con el gobierno de Lisandro Barillas

“Por medio del periódico oficial ha llegado a nuestras comunidades la noticia del Acuerdo gubernativo del 22 de febrero último en que se manda expropiar los terrenos de Parraché por razones de pública conveniencia y de conformidad con el Decreto 170, espedido en los tiempos del Sr. General J. Rufino Barrios.

En el mismo acuerdo se manda también que los baldíos de Panán se dividan en lotes que serán adjudicados gratuitamente a los actuales poseedores que lo soliciten. Creemos hoy estar en nuestro derecho, ya que a pesar del referido Decreto, el Presidente Barrios dejó que siguiéramos poseyendo los terrenos de Parraché en consideración a que fuimos uno de los primeros pueblos que en Tierra Blanca le reconocimos como legítimo caudillo de la República, y porque si bien es cierto que la riqueza pública la ha sostenido y aumentado la población ascendente de cafetales, no lo es menos que los cultivos de cereales de consumo necesario no bastan en años regulares para surtir y abastecer a los pueblos de la parte de Occidente, como lo demuestran las estadísticas de estos últimos años, en las cuales se registran las cantidades de maíz, harina, etc., que se han importado de California y de otros puntos ultramarinos a precios que no están al alcance de la mayoría, y que no deja de ser una rémora de gran entidad aún para los mismos cultivadores de café.”[6]

“(…) Un día cientos de indios de Nahualá, con su traje ceremonial llegaron al Palacio en la Ciudad de Guatemala. Alarmado, el presidente ordenó que sólo se dejara pasar al Alcalde Mayor y el Secretario Municipal. Los indios se negaron, llegaron como un solo hombre, y serían admitidos solamente como uno

Cuando fueron admitidos entraron en el salón de recepciones, ellos se arrodillaron en fila con sus frentes en el piso. Uno permaneció erguido “un alto, bien vestido indio de semblante severo pero sereno.”

Lisandro Barillas Bercian. Imagen: Pinteres

Y cuando el presidente demando que los otros se levantaran, este portavoz dijo, “No ordenaré que mis compañeros se levanten, señor presidente, hasta que usted nos haga justicia, porque es justicia lo que hemos venido a pedir.” Sin darle oportunidad al presidente para que contestara, el continuó: “Usted nos ha ordenado que abandonemos nuestras tierras para que el café pueda ser sembrado ahí. Usted nos ha hecho una injusticia. A cambio nos ofrece 600 caballerías de tierra en la costa. ¿Qué queremos de tierra en la costa? Nuestros hermanos, nuestras mujeres, nuestros niños morirán allí… Usted nos pide que abandonemos donde nuestros abuelos y padres nacieron, donde nosotros nacimos, donde nuestros hijos nacieron. ¿Por qué ha cometido esta injusticia? ¿Es porque no sabemos como cultivar el café? Usted conoce muy bien como cultivar café, señor presidente. ¿Acaso no somos quienes sembramos el café en las fincas, lo limpiamos, lo cosechamos?…

Pero nosotros no queremos cultivar café en nuestras tierras. Las queremos solo para nuestro maíz, nuestros animales, nuestra madera. Y queremos esas tierras donde nuestros abuelos y padres trabajaron. ¿Por qué habríamos de abandonarlas?

Estas tierras siempre han sido nuestras y además hemos pagado por ellas en tres ocasiones…Pagamos por ellas en el tiempo del presidente Carrera, aquí están nuestros títulos. Los trajimos la segunda vez del presidente Cerna…Y los compramos por tercera vez del presidente Barrios.

Con cada aseveración, el abría su bolsa y sacaba los títulos correspondientes, colocándolos ante el presidente.

“¿Y ahora desea que se las compremos? Muy bien. Hemos traído el dinero. ¿Cuánto quiere por que le paguemos por nuestras propias tierras, señor presidente? ¡Le pregunto, cuanto quiere por ellas!

El presidente Barillas no tenía ninguna respuesta excepto ordenar, enfrente de los indios, que ni una pulgada de las tierras de Nahualá les sería arrebatada.[7]

[1] Varios pueblos mayas lo hicieron. Lo mismo hicieron los mulatos que migraron a los Altos desde Antigua Guatemala. Asimismo, los criollos quezaltecos adquirieron tierras entre Suchitepequez y Soconusco.

[2] Gentilicio utilizado para referirse a población de Santa Catarina Ixtahuacán. Viene de la contracción de Santa Catalina -> San Catal -> Xancatal

[3] Termino jurídico para definir a una población de “naturales” que poseyó un gobierno local, tierras ejidales, gozaba de ciertos privilegios (no pagaba alcabalas –impuesto para comerciar) pero debía contribuir fiscalmente a la Corona (tributos, repartimientos, mandamientos)

[4] Infantes menores a 15 años.

[5] Francis Gall, Diccionario Geográfico de Guatemala, Tomo III, Guatemala, Instituto Geográfico Nacional, 1983, p. 556

[6] Julio Castelleno Cambranes, Café y Campesinos en Guatemala, Guatemala, Editorial Universitaria, 1985, p. 228.

(7) Vera Kelsey y Lilly de Jongh Osborne Four Keys to Guatemala. New Yok: Funk & Wagnalls Company, 1939, 58.

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